La selectividad alimentaria constituye un desafío frecuente que afecta a numerosas familias, especialmente durante la primera infancia, etapa crítica del desarrollo. En los últimos años, esta problemática ha mostrado una tendencia a persistir en el tiempo, impactando el desarrollo integral de niños y niñas y su desempeño en actividades de la vida diaria relacionadas con la alimentación.
¿Qué es la selectividad alimentaria?
Para efectos de esta noticia, la selectividad alimentaria se comprenderá a partir de tres ejes principales:
- Un repertorio alimentario limitado.
- El consumo frecuente y repetitivo de un número reducido de alimentos.
- El rechazo sistemático de alimentos propios de una dieta infantil balanceada.
Si bien estos desafíos en la alimentación pueden tener diversos orígenes —como los aspectos emocionales que abordamos en nuestro artículo “Ansiedad Alimentaria en Niños de Preescolar: Cómo Afecta su Vida Diaria”—, existe una mayor prevalencia en población neurodivergente, particularmente en niños y niñas dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA).
El impacto del autismo y el procesamiento sensorial
Las dificultades alimentarias en esta población se asocian a características propias del diagnóstico clínico, tales como alteraciones en el procesamiento sensorial, resistencia a probar alimentos nuevos, patrones de ingesta atípicos (comer en exceso, muy rápido o muy lento) y la presencia de conductas restringidas y repetitivas. Estos factores pueden limitar la variedad alimentaria, interferir en la participación cotidiana y afectar la integración a rutinas familiares y sociales.
Uno de los factores centrales que incide en el desarrollo y mantención de la selectividad alimentaria en población autista corresponde a dificultades en el procesamiento sensorial, manifestadas como hipersensibilidad o hiposensibilidad a los estímulos.
Estas respuestas sensoriales se encuentran estrechamente vinculadas al entorno inmediato del niño o niña, especialmente al contexto familiar, a través del modelamiento significativo. En este sentido, se observa una dificultad en la forma en que el estímulo alimentario es percibido y procesado, así como en la respuesta conductual frente a él. Esto frecuentemente impacta de manera negativa en el estado nutricional, promoviendo conductas de rechazo y un repertorio alimentario reducido, con menor variedad y mayor rigidez.
La perspectiva de la integración sensorial
Desde una perspectiva de integración sensorial, resulta fundamental considerar cómo los distintos sistemas sensoriales influyen de manera conjunta en la aceptación de un alimento. La organización e integración de los estímulos, junto con experiencias previas, permiten al niño o niña explorar y discriminar características que inciden directamente en la selección y aceptación alimentaria:
- Textura
- Apariencia y presentación
- Color
- Sabor
- Olor
Finalmente, es relevante señalar que las preferencias alimentarias de niños y niñas autistas pueden variar según múltiples factores. Entre ellos destacan los hábitos alimentarios familiares, la exposición temprana a diversos alimentos, la presencia de dificultades sensoriales propias de la condición y la falta de experiencias alimentarias positivas. Estos elementos pueden favorecer el desarrollo de la selectividad alimentaria o bien generar una tolerancia limitada frente a una amplia gama de alimentos.

- Montserrat Pavez Montecinos.
- Terapeuta Ocupacional Infantil.
- Escuela Especial Rucakuyén.