Visualizar a los niños y niñas de la primera infancia como agentes de cambio implica un giro profundo en la forma en que los adultos nos posicionamos frente a ellos. Significa dejar de verlos como seres vulnerables que solo reciben cuidado, para comenzar a verlos como ciudadanos del presente, con capacidad de transformar su entorno desde el juego, la curiosidad y la acción cotidiana.
En la primera infancia, este enfoque no busca cargar a los párvulos con responsabilidades que no les corresponden, sino validar su derecho a influir en el mundo que habitan.
El impacto directo y honesto de la niñez
A diferencia de los adultos, los niños y niñas no necesitan grandes discursos ni estructuras formales para generar transformaciones; su impacto es relacional, directo y honesto. Este se manifiesta cuando:
- Cuestionan el entorno: Con sus “¿por qué?” constantes, nos obligan a revisar prácticas naturalizadas (como el uso del plástico, el maltrato animal o la exclusión de alguien).
- Proponen soluciones lógicas y empáticas: Ante un conflicto en el patio o una planta que se está secando, su respuesta suele estar libre de prejuicios y orientada al bienestar común o al cuidado de la naturaleza.
- Humanizan los espacios: Un niño participativo transforma el clima de un aula, de un hogar y de un barrio. Tienen la capacidad innata de convocar a la comunidad a través de la ternura, el juego y la autenticidad.
Tres pilares para una participación real
Para que esta capacidad no se quede en teoría, la práctica pedagógica debe ofrecer condiciones reales de participación a través de tres pilares fundamentales:
- El derecho a ser escuchados: No basta con dejarlos hablar; sus opiniones deben tener un impacto real en las decisiones del día a día. Si expresan que el ruido de la sala les molesta, el equipo pedagógico debería diseñar junto a ellos una estrategia para regular el volumen. Esto les enseña que su palabra tiene valor social.
- La autonomía progresiva: Un niño que depende del adulto para cada movimiento difícilmente se percibirá como un transformador. Promover que elijan sus materiales, que resuelvan sus pequeños conflictos mediante el diálogo guiado y que asuman roles de cuidado en el aula (como regar las plantas, repartir la colación u ordenar) construye la base de la autonomía.
- Proyectos con sentido social: Implica conectar el aprendizaje con su comunidad (su escuela, su barrio, su familia). Cuando los niños lideran una campaña para recuperar un espacio público, diseñan huertos comunitarios o crean mensajes de afecto para sus vecinos, se experimentan a sí mismos como actores sociales relevantes.
Dejando atrás la pedagogía adultocéntrica
Para que un niño o niña sea realmente un agente de cambio, la escuela debe abandonar la pedagogía adultocéntrica y adoptar un enfoque de co-protagonismo. Esto se traduce en acciones concretas dentro y fuera del aula:
- Asambleas de aula: Espacios circulares donde los niños evalúan el día, proponen los juegos del mañana o resuelven conflictos cotidianos a través del diálogo.
- Proyectos con sentido comunitario (Vinculación con el Medio): Iniciativas donde los niños interactúan con su entorno social y natural. Por ejemplo, visitas a adultos mayores o campañas ecológicas. Si deseas ver un ejemplo concreto de este tipo de iniciativas en nuestra escuela, te invitamos a leer “Fomentar el reciclaje en la primera infancia: Un hábito que construye conciencia y responsabilidad”.
- Elección y toma de decisiones: Permitirles decidir qué rincones explorar, qué temas investigar o cómo organizar una celebración. Si el adulto decide siempre todo, el niño aprende a obedecer, no a proponer.
Cuando permitimos que la primera infancia sea agente de cambio, no solo estamos transformando la educación actual; estamos sembrando una sociedad profundamente democrática, donde las personas crecen sabiendo que su presencia y sus acciones impactan de manera directa en el bienestar de toda su comunidad.
Fomentar la participación social en la educación parvularia es, en definitiva, entender que no estamos formando a los ciudadanos del futuro; estamos respetando y potenciando a los ciudadanos del presente.

- Daisy Arévalo Henríquez.
- Directora.
- Escuela de Lenguaje Pequeños Tesoros.